miércoles, 26 de junio de 2013

Ivory. El californiano inglés.

El pasado 7 de junio James Ivory cumplió 85 años. Tan señalado aniversario y su retiro del mundanal ruido cinematográfico es una buena ocasión para recordar la trayectoria de un hombre cuyos trabajos rendían tributo al más puro academicismo y que se especializó, pese a ser nativo de California, en las películas ambientadas en la época victoriana hasta el punto de que el resto de su filmografía ha pasado casi inadvertida para el gran público. En este blog ya se le rindió un homenaje de soslayo cuando hablé de una de las películas menos Ivory de su trayectoria, Fiesta Salvaje en Cuerpos de Cine (I) El Cuerpo se va de fiesta con motivo del 70 aniversario de la sex symbol de los los 60 y 70 Rachel Welch.

La filmografía de Ivory da comienzo con devaneos en el documental y películas de carácter colonialista adaptando historias hindúes y pasa por historias más actuales aunque siempre con tintes pasados.

Sin embargo, su obra siempre estará ligada a un tipo de película tan alejada en su contexto como en sus formas a su origen californiano. Este género fílmico, la denominada película de época, ha sido el jardín donde Ivory ha sabido desarrollar toda su sensibilidad y buen hacer como realizador. Ambientes naturales entre el siglo XIX y los albores del XX, historias románticas, de represión en ambientes y sociedades cerradas, casi exclusivamente alrededor de las novelas de E. M. Forster, actores de educación británica en su mayoría, y siempre fiel hasta su muerte a su eterno productor Ismail Merchant. Éstas son sus mejores obras, o al menos las que mejor definen el estilo de este director:

- Las bostonianas (1984). Una novela de Henry James sobre el proceso sufragista adaptada por la hindú Ruth Prawer Jahbvala que acompañaría a Ivory en la mayoría de sus producciones. Una inspirada Vanessa Redgrave y un post-superheroico Christopher Reeve se disputan el amor Madeleine Potter. Una gran dirección artística, de vestuario y de fotografía sitúan al espectador en el Boston del siglo XIX.

- Una habitación con vistas (1985). La historia de dos mujeres burguesas y su viaje a través de la toscana italiana. Mi primer encuentro con Helena Bonham Carter cuando todavía era una joven delicada aunque con su eterno bigote. Una gran fotografía y un reparto de actores británicos de alta escuela desde el novicio Daniel Day-Lewis hasta la siempre efectiva en su papel de siempre Maggie Smith. Ivory adapta otra novela de la pluma de Ruth Prawer Jahbvala que conseguiría su primer Oscar al mejor guión adaptado, en este caso de E. M. Forster.



- Maurice (1987). Un primerizo Hugh Grant enamora al olvidado James Willby en otra historia sobre identidades sexuales y renuncia a los sentimientos en una crítica a la sociedad de principios de siglo, y de no tan de principios, en otra adaptación de E. M. Forster, esta vez asumida por el propio Ivory con la colaboración de Kit Hesketh-Harvey.



- Regreso a Howards End (1992). Una nueva historia de liberación de la mujer en una sociedad machista como era la del siglo XIX en una nueva adaptación de E. M. Forster por Ruth Prawer Jahbvala que al final sería reconocida con su segundo Óscar al mejor guión adaptado. Ivory, fiel a un tipo de actor y actriz de academia británica repite con Vanessa Redgrave y Helena Bonham Carter e incorpora a Emma Thompson a su elenco de protagonistas.



- Lo que queda del día (1993). Ambientada en la primera mitad del siglo XX narra la historia de un mayordomo, Anthony Hopkins en posiblemente su mejor interpretación, y su relación con una particular ama de llaves, Emma Thompson en posiblemente su mejor interpretación. Obra cumbre de James Ivory que salta de nuevo al siglo XX para volver a indagar en los sentimientos en un entorno oclusivo que impide su liberación. Aunque no puede ser considerada una película de las denominadas de época por su tiempo narrativo, sí lo es por sus temas, las características e idiosincrasia de sus personajes. En esta ocasión abandona a Forster y su guionista de cabecera Ruth Prawer Jahbvala adapta una novela de  Kazuo Ishiguro.



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